El pasado viernes, como cada 21 de noviembre, se celebró el Día Mundial de la Televisión. Esta fecha se fijó por la Asamblea General de la ONU el 17 de diciembre de 1996 conmemorando la fecha en que se celebró el primer Foro Mundial de Televisión en las Naciones Unidas. Entonces se alentó a los Estados Miembros a la exportación de programas de televisión para favorecer el intercambio cultural. Pero realmente, ¿para qué sirve este día? Sí es cierto que todas las propuestas que se presentan gozan de una apariencia realmente conmovedora, emocionante y totalmente plausible y loable. Sin embargo, del dicho al hecho hay un trecho. Durante este día se lanzan mensajes para promover una televisión cargada de contenidos centrados en la paz, el desarrollo económico y social, la cooperación, la seguridad... en definitiva transmitir unos valores que calen en la sociedad.Realmente la televisión es el medio de comunicación con más influencia y poder, el que llega a más personas, en España la población dedica a la televisión una media de tres horas, y por lo tanto, no sería tan raro encargarle tan encomiable labor.
Sin embargo, por lo general todos aquellos formatos televisivos que se proponen el objeto de
"educar" y "transmitir" constituyen un auténtico fracaso. No sé por qué todavía nos sorprende, nada ha cambiado.
"educar" y "transmitir" constituyen un auténtico fracaso. No sé por qué todavía nos sorprende, nada ha cambiado. Cuando el espectador pulsa el botón on de su televisor no busca a un profesor, ni a un miembro de una ONG, ni a nadie que le venga a decir cómo hacer las cosas, sino un tiempo en el que dejar de lado las ocupaciones, evadirse y olvidarse de aquello que más preocupa. La audiencia es el claro reflejo de ello.
En muchas ocasiones, los españoles contemplan el inmiscuirse en la vida de otros como la fórmula más eficaz para obviar la suya propia, por este motivo tanto los espacios de corazón, como aquéllos que emiten segundo a segundo las relaciones que se dan entre un grupo de personas encerradas en una casa, lideran las audiencias.
No debemos tampoco generalizar y atribuir a toda la sociedad española el gusto por los realities y la crónica rosa. Las películas y las series también gozan de altas cuotas de audiencia.
Pero al fin y al cabo, la sociedad demuestra a diario que no desea contenidos que la eduquen ni le enseñen cómo ser mejor persona. Y por mucho, que durante este Día Mundial de la Televisión se imponga el objetivo de difundir unos contenidos impregnados de valores, al final quien decide es la audiencia.


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